viernes, 27 de septiembre de 2013

El toque de Iron Maiden

Una de las primeras formaciones que aprendí de memoria fue la del River de los noventa y pico. El del River que ganaba a puro toque, jugando para adelante y con los goles de Francescoli. Ese River que salió campeón de la Libertadores en el 96, en el Monumental, dando vuelta un resultado.
Por ese entonces yo era fan de Tinelli y por lo tanto hincha de San Lorenzo. También recuerdo varios jugadores de ese equipo, sobre todo al brasilero Silas. Nunca podía pronunciar de buena forma el apellido Arvarelo, hasta hoy se me confunde y pienso que es Alvarelo o Arvalero. No interesa. Por ese entonces miraba mucho a River por mi hermano y mi viejo, y además porque jugaba tremendamente bien. Un amigo de mi padre que vivía en Argentina le mandaba a mi hermano camisetas con la 9 en la espalda ni bien salían porque una vez el guacho le había dicho que era de River. El Enzo era toda una institución y, los grandes y los niños lo admirábamos a pesar de que jugaba lejos y en la selección no nos convencía.
Mi hermano se agrandaba cuando le llegaba una camiseta de regalo. Yo me calentaba y le decía cosas como que Francescoli me parecía un cagón o cosas que escuchaba decir los más grandes y después repetía.
Una vez el Enzo estuvo lesionado y la 9 la empezó a usar el Chapulín Cardetti. En el torneo argentino los jugadores titulares tenían que usar de la 1 a la 11 por reglamento, entonces la 9 había que ponérsela si o si. Fue mi gran momento. Cada vez que mi hermano tocaba la pelota en un picado o se ponía esa camiseta le decía ¡buena Chapulín! o ¡guarda con Cardetti! y terminaba re caliente.

Lo cierto es que, salvo Cardetti y algún otro, ese River tenía unos jugadores increíbles. En el arco Bonano o Burgos, (creo que Sodero era el tercer golero). En la zaga el paraguayo Ayala y Berizzo, los laterales Hernán Díaz y Sorín. En el medio el clásico "rombo" con el que se jugaba en todo el mundo en la década del 90. El 5 era Leo Astrada, el 8 el Diablo Monserrat, el 11 la Bruja Berti. El enganche Gallardo, un talentoso, lagunero y pecho frío, pero pecho frío como los de antes, que funcionaban a gritos de los más recios, y que en cualquier pase o tiro libre hacía la diferencia.
Adelante el gran Enzo, acompañado de Orteguita. También estaban Medina Bello, Julio Cruz o Crespo que esperabana alguna chance y cuando entraban metían el 3er o el 4to gol, o bien jugaban cuando alguno de los titulares no estaba en condiciones.

Actualmente River tiene el mismo entrenador y las mismas aspiraciones, pero lamentablemente para sus hinchas y el mundo del fútbol, no tiene un plantel con grandes jugadores y tampoco un buen funcionamiento colectivo como para pensar en cosas importantes.

Tiene en Barovero, un gran arquero que ha salvado en más de una oportunidad al equipo. Tiene a Balanta que es un muy buen zaguero, pero con poca experiencia, y además ha demostrado que puede atolondrarse y despejar para cualquier lugar, incluso el medio del área. 
Tiene a Vangioni, que es un gran volante por izquierda, pero un mal lateral (puesto que ocupa actualmente). En el medio tiene a Ledesma, un jugador de gran técnica y marca, que con el correr de los minutos termina siendo predecible y vulnerable. Tiene a Lanzini, el jugador más talentoso del plantel, pero con enormes problemas para pasar la pelota y para definir en el área. Y arriba a Teófilo Gutiérrez, un jugador más que aceptable pero que juega muy aislado y está lejos de convertirse en el jugador que puede sacar campeón a River bancándosela solo.


Hoy River jugó contra la Liga de Loja, un equipo que ha sido el fantasma de varios grandes del continente como Nacional o San Pablo. Un equipo ecuatoriano que no atraviesa un buen momento: viene a más de 10 puntos del primero en el torneo local y juega realmente mal. 
La semana pasada se aprovechó de un River cansado, que tomó muchas precauciones debido a la altura y a que retomaba la actividad continental, y le ganó 2 a 1. Hoy fue al Monumental a defender esa diferencia con armas muy endebles. Se tiró al piso, demoró todos los óbol y los saques de arco, le metió una inyección a un jugador en el medio del partido, le pegó para arriba y metió un montón de faltas. Pero lo más impresionante de todo esto es que no pateó al arco ni una sola vez, un hecho casi histórico. 

Aguinaga, el DT ecuatoriano habló en la previa y dijo que esperaba que su equipo no fuera perjudicado por el arbitraje, sin tener en cuenta que sus propios jugadores iban a hacer un papel lamentable. 
El primer gol del partido lo  hizo el colombiano Gutiérrez, a los 36 del primer tiempo, después de una serie de pases lentos de su equipo y un horror de un defensor que quiso cortar y la tiró para atrás dejando solos a dos delanteros.
A pesar del gol, el partido siguió siendo muy malo. Loja miraba en su cancha mientras los jugadores de River intentaban hilvanar alguna jugada más o menos potable.
A los 25 del  segundo tiempo vino otro gol de River, esta vez por parte de Lanzini. Cuando lo vi en tiempo real me pareció un golazo, pero después de verlo en el replay creo que es un golazo si lo hace un amigo que se dedica a laburar 8 horas y a tomar cerveza, y juega una vez por semana en la liga del barrio. A los defensores ecuatorianos le faltó aplaudir al jugador argentino. Lanzini hizo dos o tres enganches sin que nadie saliera a cortarlo con una patada o un empujón, o a barrerse para cubrir el tiro, y pateó esquinado, sin potencia, para vencer al golero que se tiró en cámara lenta. 

Más allá de eso, ese gol significó la tranquilidad para los dirigidos por Ramón Díaz. 
Loja no fue capaz de mandar a sus defensores al área, ni tirar un pelotazo o hacer algo para que la cosa cambiara, a pesar de que un gol les daba la chance de definir por penales.


Cuando terminó el partido charlé un rato con mi hermano y le pregunté si había visto a River. Me dijo que había puesto el partido pero que después se fue distrayendo con otras cosas y no lo vio. Me comentó que el escenario de atrás del arco estaba por el toque de Iron Maiden.


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